¿Había Año Nuevo en el Antiguo Perú?

En nuestra sociedad existe la costumbre de celebrar el inicio de un año con grandes reuniones de caracter festivo (que incluyen bebida y comida en abundancia) o con rituales populares (como usar prendas de un color que trae ¨buena suerte¨, comer uvas con cada ¨campanada¨, hacer ritos de sanación y muchas otras prácticas que se mueven entre la espiritualidad y el juego). Se espera el momento en que ocurra el cambio de fecha y éste es celebrado con abrazos, agradecimientos y buenos deseos. ¿Existía algo remotamente parecido en el Antiguo Perú?


Trece Torres De Chankillo
Vista de las Trece Torres de Chanquillo, la construcción astronómica más antigua del continente, en el Valle de Casma, Ancash. Desde aquí se tomaba nota de los solsticios, las fechas en que el Sol se ocultaba más al sur o más al norte durante el año, marcando así el inicio del verano o del invierno  (Foto: Ivan Ghezi, tomada de www.idarq.org)

En primer lugar tenemos que reconcer lo obvio y es que la mentalidad, preocupaciones y motivaciones que tenían nuestros antepasados son sin duda muy distintas a las que nosotros tenemos hoy en día y que las comparaciones en muchos temas son imposibles (cuando no odiosas) sobre todo entre culturas tan distintas. De hecho durante los 5000 años de historia andina nacieron y cayeron diferentes civilizaciones que también tuvieron distintas formas de ver el mundo, el tiempo y el espacio. Sin embargo la arqueología ha podido demostrar que, al menos, existía ¨consenso¨ entre distintas culturas andinas en asignarle una importancia especial a las mismas fechas en el calendario, aquellas donde ocurrían los  solsticios y equinoccios, acontecimientos que marcan el inicio de las estaciones y que son observables por la posición del sol en el horizonte. Esto no es exclusivo del Antiguo Perú, desde luego. En todas las sociedades agrícolas del planeta el seguimiento del sol permite saber cuándo será el inicio de la estación seca o lluviosa, cuando habrá heladas o más calor, información fundamental para el mundo campesino. Y para definir estas ocasiones especiales los antiguos andinos construyeron algunos de sus monumentos más importantes.

El más antiguo conocido hasta ahora está en una zona desértica al sur del Río Casma, en el departamento de Ancash, Perú. Es el observatorio solar de Chanquillo que fue construido hace 2300 años (es el más antiguo del continente). Se trata de 13 torrecillas rectangulares de piedra de entre 2 y 6 metros de altura, situadas en una linea recta sobre una colina. Si un observador se coloca al este del monumento, exactamente en una pequeña construcción llamada ¨observatorio este¨ y mira la puesta del sol, notará que el día del solsticio de verano (21 de diciembre) el sol ¨se pone¨ en el espacio entre las últimas dos torres.

(Imagen: antiguoperu.com)



Ocurre lo propio con la salida del sol el día del solsticio de invierno (21 de junio), desde otra construcción llamada ¨observatorio oeste¨. Ademas durante los equinoccios (inicio de la primavera y del otoño) la salida del astro se da exactamente en el centro de la hilera de torres. Las torres definen 12 espacios intermedios que quizá constituían los meses del aǹo.

Los habitantes de Chanquillo (que vivieron al mismo tiempo que los úlitmos chavines y cupisniques) debían darle mucha importancia a estas fechas. Cerca del observatorio este hay una gran plaza rectangular que pudo albergar a varios cientos de personas y desde la cual se divisaba con claridad la puesta del sol entre las torres el día del solsticio de verano. Los arqueólogos han encontrado en esa plaza muchos restos de instrumentos musicales (antaras) ¿podemos imaginarnos la plaza de Chanquillo llena de músicos y peregrinos observando cómo se ponía el sol en las fechas importantes? ¿Acaso ocurrieron allí las más antiguas celebraciones de ¨Año nuevo¨ del Perú? (Véase más información en la web de uno de sus principales investigadores, Iván Ghezi, haciendo clic aquí)


Una vista del Templo del sol de Machu Picchu y de la ventana donde se registra el solsticio de invierno cada año.


En el otro extremo de la historia andina están las mucho más recientes construcciones incas. Por ejemplo el llamado Templo del Sol (o Torreón) de Machu Picchu, en Cusco. 20 siglos después de que los astrónomos de Chanquillo construyeran su observatorio, los arquitectos incas hicieron lo necesario para que, en el amanecer del solsticio de invierno, la luz del sol entrara por una de las ventanas del Torreón y la sombra de la misma corriera exactamente a lo largo de una linea esculpida en el suelo del templo. Se sabe que en esa fecha se celebraba el Inti Raymi o fiesta del Sol entre los incas (una ceremonia, por cierto, muy diferente a la representación teatral que con el mismo nombre se lleva a cabo todos los años en el Cusco moderno).



Construcciones con fines similares se han levantado a lo largo de los Andes centrales que marcan siempre estos eventos. No se conocen otra fechas en el calendario solar que estuvieran tan claramente marcadas en monumentos cuya construcción requirió en todos los casos una gran inversión en recursos.

¿Y cual de ambos solsticios era más importante? ¿El de diciembre o el de junio? Aquí la arqueología tiene poco que decir y debemos hacer uso de la historia. Y las principales fuentes históricas sobre el antiguo Perú son los documentos que los cronistas (españoles, mestizos e indígenas) escribieron durante los primeros dos siglos de la época colonial (es decir, desde 1533). Las crónicas, ofrecen información muy rica... pero, también poseen muchos inconvenientes. El más obvio es que sólo se refieren a los últimos cien años antes de la llegada de los españoles (por lo que sólo hablan de los incas y algunas pocas culturas del Intermedio Tardío). Pero el más importante problema con las crónicas es que suelen ser documentos contradictorios entre sí y es por eso que el trabajo de historiadores y antropólogos resulta muy arduo porque tienen que comparar estos documentos con las biografías de los personajes que las escribieron (gracias a lo cual sabemos que hay cronistas más o menos confiables, más o menos imparciales e incluso más o menos ¨imaginativos¨ ) y con documentos judiciales y notariales de la época colonial (por ejemplo juicios de tierras o de bienes entre curacas andinos donde se citan como antecedentes asuntos de los tiempos precolombinos) .El tema del calendario no escapa a estos problemas de interpretación.

(Ilustración sobre el Capac Raymi, tomado de ¨Nueva Coronica y Buen Gobierno¨ el texto original de Felipe Guaman Poma y Ayala, citado en este artículo).

En efecto existen diferentes versiones posibles de calendarios andinos. Por ejemplo el cronista andino Guamán Poma (1615) escribió sobre de un calendario solar de doce meses y el español Bernabé Cobo (1640) de un calendario lunar de 28 días cada uno. Pero si en algo están de acuerdo los cronistas al respecto es que los solsticios eran las fechas más importantes y las que marcaban el inicio de los años. La mayoría de los cronistas creía  que, al menos durante el tiempo de los incas, el inicio del año ocurría en junio. Sin embargo muchos historiadores contemporáneos confían en una información distinta, proporcionada por Guamán Poma quien escribió que el año nuevo ocurría en el solsticio de verano, en Diciembre, durante la ¨Pascua Solemne del Sol¨: el Capac Inti Raymi, inicio de la temporada de lluvias, una festividad religiosa de primera importancia y que era seguida por el ¨mes¨ de Capac Raymi (Enero). Este cronista dice que la fiesta era ¨más grande que la de Inti Raymi¨ e incluso da detalles sobre lo que ocurría durante las celebraciones: El homenajeado era el Sol al que se la hacían grandes ofrendas de oro y plata. También en su honor se realizaban capacucha (sacrificios humanos, de niños, como los que los arqueólogos modernos han encontrado en varios nevados de Perú, Argentina y Chile). Se ofrendaba tambien ¨mucha cantidad de mullu¨ (el mullu es la concha sagradaSpondylus, uno de los objetos religiosos más valiosos de los Andes Centrales) y se llevaba a cabo el sacrificio e incineración de llamas. Y luego venía ¨la fiesta¨ que consistía en grandes banquetes públicos con danzas y cantos y borracheras, lo que quizá sea el único punto en común entre nuestras celebraciones de año nuevo y las que realizaron nuestros antepasados.

Nota: Sobre el calendario andino es importante revisar la obra fundamental de Tom Zuidema (especialmente su último texto, ¨El Calendario Inca¨ publicado en 2011), quien ha dedicado décadas al estudio de este tema y que ha encontrado abundantes evidencias de que al menos entre los incas de la región del Cusco había un complejo calendario mixto, de trece meses, uno de los cuales era lunar y movible (es decir que no siempre caía en la misma fecha).

Pablo Chacón B. - 2013 
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