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Mostrando entradas de 2020

La cerámica erótica mochica

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Cuado Rafael Larco Hoyle inició sus estudios de la antigua cerámica moche (en la década de 1940), se fue topando con muchas vasijas de temática sexual que eran sorprendentemente explícitas. Otros coleccionistas de la época las llamaban "huacos pornográficos", con un poco de gracia y otro de desdén. Pero Larco supo desde el primer momento que eran obras de arte. Como otras piezas mochica, estaban hábilmente modeladas, llenas de atención en los detalles y cuidadosamente pulidas y pintadas.

Luego de analizar todas las que pudo, hizo números y comparaciones y concluyó que la inmensa mayoría de prácticas sexuales representadas en esas piezas no tenía fines reproductivos. Es decir, lo que predominaba era formas de intercambio sexual como penetraciones anales, sexo oral y masturbación, siendo extrañamente escasas las imágenes de cópula vaginal. Se preguntó por qué. Encontró una posible explicación en una pieza famosa, que mostraba a una mujer que amamantaba a un niño en plen…

Cuando Kuélap volvió a la historia

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Si hoy conocemos este lugar es gracias a un lío de terrenos. Al juez Juan Crisóstomo Nieto, de la entonces pequeña ciudad de Chachapoyas, le pidieron resolver un pleito entre propietarios de tierras de cultivo. Mientras examinaba la remota zona en litigio, los lugareños le contaron que allá arriba, en lo alto de uno de esos cerros llenos de árboles inmensos, se ocultaba un pueblo de piedra. Curioso, Nieto fue a investigar. No sabemos cómo terminó la controversia de límites, pero sí que, cuando regresó a su ciudad, le contó a todo el mundo que había encontrado una muralla monstruosa, larguísima, increíble, en medio de la nada. Escribió también un informe alertando a las autoridades de su importancia. Menciona algunas momias intactas que encontró (y saqueó, algo que no estaba mal visto en esos tiempos). En este texto hay un dato que explica por qué algunas construcciones antiguas de la sierra peruana lograban conservarse: Los lugareños no querían acercarse por temor a las mald…

Novedades sobre el ídolo de Pachacamac

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Recientes estudios han arrojado información sorprendente sobre la pieza de madera más famosa del Antiguo Perú.


Los sacerdotes hablaron alto y claro: Pachacamac no permitiría que un extranjero ingrese en su recinto sagrado. Al español no le asustó la advertencia. El dios que temía estaba de su parte. Impaciente, se abrió paso con ayuda de su espada y penetró en la pequeña habitación, en lo más alto del templo.
¿Qué esperaba encontrar? Un tesoro a la altura de una divinidad. Pero, una vez dentro, todo fue decepción. Según relataría en su informe, se trataba de un recinto pequeño, sucio y oscuro. Olía mal. Al centro, clavado en el suelo, había un poste de madera. Pero al acercar su antorcha, no percibió en sus tallas nada parecido al fulgor del oro. Furioso, Hernando Pizarro tomó el ídolo con las manos y lo arrojó fuera, recriminando a los ministros del santuario por venerar una cosa tan ordinaria. Estos, horrorizados, condenaron el sacrilegio. Quizá pensaron que el dios, Señor…