Pequeña historia sobre los campos elevados

Imagina que eres un agricultor de hace 20 siglos. Vives en el altiplano del Titicaca. Va a empezar la temporada de siembra y piensas cultivar papas, ocas y quinua. Pero algo te preocupa: Los sabios del Gran Templo de Pucará (que adivinan el clima y dicen que hablan con los dioses) te han informado que se espera que este año sea más frío de lo normal. Y ya sabes que basta una sola noche de helada para que tus cultivos se arruinen. ¿Qué puedes hacer para evitar que ocurra? Una opción sería mudarte a los lejanos valles del oeste, cerca del mar. Otra: Quedarte en tu tierra y construir waru warus.

Waru warus al norte de Puno (Imagen: Liana John / FAO

¿Y eso cómo se hace? Pues... No es tan difícil, aunque vas a necesitar la ayuda de tus vecinos y amigos (es decir, de tu ayllu o comunidad). Habrá que cavar varias zanjas largas y gruesas. La tierra que saques de ahí la amontonarás a los lados. Y luego, tendrás que hacer que el agua (de los muchos riachuelos y lagunitas de la zona) circule entre las zanjas. Recién entonces podrás sembrar. ¿Dónde? Encima de los montones de tierra. Y ahí empezará la magia: Durante el día, el quemante sol de las altiplanicies calentará el agua de las zanjas. En la noche, el agua estará lo suficientemente tibia como para abrigar a tus plantitas. Así, cuando venga la helada, tu quinua y tus papas resistirán. Suena bien, ¿no te parece? Pero hay más. Las raíces crecerán rectas hacia abajo (y no tanto hacia los lados) buscando el agua que se filtra por la tierra. Y como esas raíces ocuparán menos espacio a lo ancho, podrás colocar tus plantas más cerca las unas de las otras, sin que se ahoguen mutuamente. Y a más plantas, ¡más productividad! No solo eso: Si tu sistema de circulación de agua está bien planificado, vendrán peces y ranas a vivir entre las zanjas llenas y también muchas aves a anidar y a cazar. Todos esos animales harán sus deposiciones por ahí y le darán a tus plantas los nutrientes que necesitan. ¿Qué te parece? ¿Todavía piensas mudarte?


Waru warus en uso en la orilla noreste del Lago Umayo, cerca de Puno. Hacia la izquierda de la foto se ven muchos más, cuyas zanjas-canales se inundan en época de lluvias. Imagen de Google Earth.

Las comunidades de habla quechua que hoy viven en el distrito de Huata (Puno) llaman "waru waru" a estos campos elevados. En aymara, se llaman sukakollos. En castellano, camellones. Pero no sabemos qué nombre les pusieron sus inventores, los agricultores de Qaluyo (Puno) y de Chiripa (Bolivia) que hicieron los primeros waruwarus hace casi 3000 años. Lo que sí sabemos es que fueron perfeccionándose con el tiempo y se convirtieron en uno de los pilares alimenticios de las grandes culturas del altiplano (como Pucará y Tiahuanaco) que transformaron a la fría y dura Meseta del Collao en uno de los portagonistas de la Civilización Andina.

Pero, volvamos a tu propia historia como agricultor pucará. ¿Sabes qué será lo más bonito de todo? Que los nietos de tus nietos de tus nietos podrán cultivar en los waruwarus que tú mismo construiste, 2000 años después. Como ocurre con los que salen en la foto con las que empieza este texto.

Datos

Si bien la tecnología de camellones parece haberse iniciado en el Altiplano Peruano Boliviano alrededor del año 1000 a.C. , ha sido utilizado por pueblos pre-hispánicos. No solo en mesetas de altura (como la de Bombón, en Junín) sino también en la selva alta de Bolivia (Mojos) y hasta en el sur de Colombia.


Un texto de Pablo Ignacio Chacón (2019)


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