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Mostrando entradas de enero, 2021

Cuando Kuélap volvió a la historia

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Esta es la historia de un juez que salió de casa muy temprano para hacer una diligencia de varios días en las boscosas y nubladas montañas al sur de Chachapoyas. A pie y a lomo de mula, desafiando terrenos anegados y cuestas resbalosas, nuestro personaje, Juan Crisóstomo Nieto , alcanzó el lugar en el que debía realizar su trabajo: un paraje accidentado que se disputaban dos propietarios de terrenos. Parte de sus pesquisas lo obligaban a interrogar a los campesinos acerca de la historia del lugar. Ellos le dijeron que en la cumbre del Cerro Barreta (la más alta de la zona), sobre un afloramiento de roca, había un pueblo antiguo del que, según las viejas creencias, era mejor alejarse.    Escéptico pero curioso, Nieto quiso averiguar de qué se trataba. Subió. En la cima del monte, se topó con una pared de piedra de casi 20 metros de alto, oculta por la vegetación. Comprobó que tenía varias puertas y que, adentro, en lo alto, habían muchas casas derruidas.     Kuélap, vista desde su lado

Un pájaro de cuatro patas... que canta

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  Lo que hace a este pieza tan especial no es que represente a un ave de cuatro patas (!) ni que tenga, en cada una de ellas, siete dedos. Sino el hecho de que, aunque parezca una vasija cualquiera o una jarra sea en realidad un instrumento musical.   (Museo Larco / Lima)   Las llamadas "vasijas silbadoras" fueron comunes en varias culturas del norte de Sudamérica. Es posible que las más antiguas hayan surgido en torno al primer milenio antes de nuestra era en el sur de Ecuador (Cultura Chorrera) pero su uso se expandió rápidamente por el norte del Perú y el centro de Colombia. La pieza de la imagen es de la Cultura Virú, que prosperó en el estrecho valle del mismo nombre (en el Departamento de La Libertad) entre los años 200 a.C y 600 d.C., coexistiendo con la cultura Moche, en una relación que aún no está, para los arqueólogos, del todo clara.   Pero, sean de donde sean, casi todas las botellas silbadoras, incluida esta, funcionaban con el mismo sistema. Poseen por dent

Los contorsionistas cupisnique

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Un hombre con los pies en la cabeza. Parece una metáfora de estos días (el mundo patas arriba). Pero no: es una vasija modelada hace casi 3 mil años por una influyente —aunque aún misteriosa— cultura del norte peruano. Y es una pieza que genera muchas preguntas... El peinado del personaje, los tatuajes que ostenta (de los que hablaremos después) y el asa estribo angulosa y en forma de trapecio, nos revelan su filiación: Es una pieza de la cultura Cupisnique, que se desarrolló entre los años 1500 y 200 antes de nuestra era. Aunque su centro estuvo en la costa norte del Perú (y Huaca de los Reyes, en el valle de Moche, podría haber sido su sede política) su huella se percibe, fuerte, en sitios tan distintos como Kuntur Wasi en Cajamarca (por la metalurgia y los tallados de piedra), Chavín de Huántar en Ancash (del que Cupisnique parece haber sido un precursor) e incluso Paracas en la costa sur central (por las características cupisnique encontradas en los tejidos de Karwa y en la

La profunda huella andina sobre Lima

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El anciano ya había oído todo sobre los extranjeros. ¿Cómo podría no saberlo si dos años antes habían matado a Atahualpa? ¿Cómo podría no haber oído que, gracias a ese atrevimiento, habían recibido el apoyo entusiasta de varias naciones andinas que estaba hartos del dominio cusqueño? Sabía también que, junto con esos nuevos aliados —los huancas, los chachapoyas, los cañaris— habían marchado sobre la capital del imperio, tomándola y coronando a un nuevo Inca que prometía hacerles favores. Y sabía que, si ahora andaban por la costa, era porque querían encontrar un buen sitio para establecerse de manera definitiva. Pero, aunque podemos suponer todo esto, no tenemos manera de enterarnos de los dilemas íntimos de Taulichusco, el anciano. Permítanme especular. Debió pensar algo como esto: "Si eligen este valle, ¿cómo podría oponerme? ¿acaso los ychsmas de Maranga o de Armatambo no recibirían a los extranjeros y a sus aliados con los brazos abiertos?". Los ychsma. Eran el pueblo qu

De astrólogos incas y años nuevos

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Se llamaba Juan Yunpa . Se dedicaba a mirar el cielo, a contar los días y  fijar los lugares en los que la luna y el sol aparecían o se ocultaban tras los cerros. Había nacido en Lucanas (Ayacucho) y tenía el don de saber cuál era el mejor tiempo para sembrar, para trasquilar alpacas (o capturar vicuñas) o para cosechar. Y hasta sabía en qué momentos era prudente dejar de comer determinados alimentos para no sufrir enfermedades. Perteneció a la generación que vio hundirse al imperio inca y emerger un nuevo orden. Uno empeñado en sustituir a los dioses y en borrar oficios como el suyo. Acceso al ushnu de Huánuco Pampa, cuyos muros están perfectamente alineados con la salida del sol durante los equinoccios. Foto: Agencia Andina.   Su historia nos la cuenta Felipe Guamán Poma, allá por el año 1600. El autor dibuja a Yunpa encorvado, con el rostro arrugado y con bastón. El cronista le atribuye —sin duda exagerando— 150 años pero confirma que Yunpa estaba lúcido, que era saludable y que