Un pájaro de cuatro patas... que canta

 

Lo que hace a este pieza tan especial no es que represente a un ave de cuatro patas (!) ni que tenga, en cada una de ellas, siete dedos. Sino el hecho de que, aunque parezca una vasija cualquiera o una jarra sea en realidad un instrumento musical.
 
(Museo Larco / Lima)

 
Las llamadas "vasijas silbadoras" fueron comunes en varias culturas del norte de Sudamérica. Es posible que las más antiguas hayan surgido en torno al primer milenio antes de nuestra era en el sur de Ecuador (Cultura Chorrera) pero su uso se expandió rápidamente por el norte del Perú y el centro de Colombia. La pieza de la imagen es de la Cultura Virú, que prosperó en el estrecho valle del mismo nombre (en el Departamento de La Libertad) entre los años 200 a.C y 600 d.C., coexistiendo con la cultura Moche, en una relación que aún no está, para los arqueólogos, del todo clara.
 
Pero, sean de donde sean, casi todas las botellas silbadoras, incluida esta, funcionaban con el mismo sistema. Poseen por dentro dos cámaras internas conectadas por un conducto que se llenaban parcialmente de agua. Para que "silbaran" bastaba con inclinar en una u otra dirección la pieza para que el aire sea absorbido o expulsado por uno de sus extremos, a través de la "boca" del animal (o persona) representada. La razón de que produzcan sonidos por ahí es que dentro del "cuello" del personaje (en nuestro caso, del ave) hay un silbato de cerámica incrustado en la pieza, que se activa con la presión del aire provocada por el movimiento del agua.
 
Este insrumento está diseñado para ser empuñado con comodidad (tiene espacio para que una mano la sostenga por el asa sin que se choquen los nudillos con la arcilla). ¿Y por qué tiene cuatro patas? Sobre eso, solo podemos especular: más allá de la estabilidad que esa característica le da a la pieza, es posible que la combinación de elementos de distintos animales (un rasgo muy común en el arte del Antiguo Perú) haya tenido algún significado simbólico, ritual (o mágico, ¡pues tiene siete dedos por pata!) que, lamentablemente, nunca conoceremos.
 
La pieza pertenece a la colección del Museo Larco de Lima.

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