Cuando Kuélap volvió a la historia

Si hoy conocemos este lugar es gracias a un lío de terrenos. Al juez Juan Crisóstomo Nieto, de la entonces pequeña ciudad de Chachapoyas, le pidieron resolver un pleito entre propietarios de tierras de cultivo. Mientras examinaba la remota zona en litigio, los lugareños le contaron que allá arriba, en lo alto de uno de esos cerros llenos de árboles inmensos, se ocultaba un pueblo de piedra. Curioso, Nieto fue a investigar. No sabemos cómo terminó la controversia de límites, pero sí que, cuando regresó a su ciudad, le contó a todo el mundo que había encontrado una muralla monstruosa, larguísima, increíble, en medio de la nada. Escribió también un informe alertando a las autoridades de su importancia. Menciona algunas momias intactas que encontró (y saqueó, algo que no estaba mal visto en esos tiempos). En este texto hay un dato que explica por qué algunas construcciones antiguas de la sierra peruana lograban conservarse: Los lugareños no querían acercarse por temor a las maldiciones de sus ancestros.

La noticia merecía correr como la pólvora pero, justo en esos años, había tanta pólvora corriendo por el país que lo del juez de Chachapoyas pasó desapercibido. Era el año 1843 (plena Anarquía Militar). Las revueltas y golpes de estado eran cosa de todos los días, y la población de la todavía joven república peruana andaba más pendiente del caos político y económico que de las curiosidades arqueológicas.

En la imagen puede verse parte del extermo sur de la ciudad. Junto a la plataforma circular hay una estructura parecida a un cono invertido, que hoy se sabe fue el principal edificio religioso del complejo. Hemos tomado esta imagen de la web de xtravelperu



Esa indiferencia y su remota ubicación, mantuvieron a Cuélap (así, con C, es como se le llamó al principio) al margen de la historia durante décadas, aunque algunos viajeros extranjeros (el norteamericano Bandelier, el francés Langlois) exploraron la zona y describieron las ruinas con estusiasmo. Hubo que esperar más de un siglo para que los peruanos empezáramos a ser conscientes de lo que escondía ese cerro amazonense: Una plataforma de 7 hectáreas y 20 metros de alto, forrada completamente por una muralla de piedra y coronada por 400 estructuras circulares, construidas por un antiguo pueblo de agricultores y guerreros que resistió con fiereza la invasión incaica. Las crónicas hablan de largas guerras y duras derrotas para los chachapoyas (que es como se conoce a este pueblo). Pero cuando los europeos llegaron al Perú, los chachapoyas tuvieron su desquite. Se aliaron con Pizarro y sus guerreros participaron junto con los españoles en la toma del Cusco en 1534. Su nueva independencia duró poco. En 1570, arruinados por años de guerra, diezmados por las epidemias y obligados por las nuevas autoridades coloniales a desplazarse a pueblos específicos (las llamadas "reducciones" del virrey Toledo), los chachapoyas dejaron sus centros poblados.

Ninguna crónica meciona específicamente a Kuélap y por eso no hay historia escrita sobre ella y sus últimos días. Pero los arqueólogos han encontrado evidencias claras de que la cosa no acabó bien. Primero hubo una masacre en la casa más grande de la ciudad (la plataforma circular del lado sur, que aparece en la foto, cubierta parcialmente por un techo de lona verde), en donde fueron asesinados los presuntos dirigentes del lugar y sus familias. Luego, hubo un gran incendio, que redujo a cenizas todos los techos de la ciudad de piedra. Nada indica que hubiera intervención española en estos eventos pues todas las heridas de los muertos (miembros destrozados y cráneos hundidos) se debieron a golpes de porra, el arma favorita de los chachapoyas. Fue entonces cuando la selva reclamó lo suyo y sacó a Kuélap de la memoria de los hombres... Hasta que el juez Nieto divisó su muralla exterior, un día como hoy, hace exactamente 177 años


Pablo Ignacio Chacón
www.antiguoperu.com

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