La cerámica erótica mochica

Cuado Rafael Larco Hoyle inició sus estudios de la antigua cerámica moche (en la década de 1940), se fue topando con muchas vasijas de temática sexual que eran sorprendentemente explícitas. Otros coleccionistas de la época las llamaban "huacos pornográficos", con un poco de gracia y otro de desdén. Pero Larco supo desde el primer momento que eran obras de arte. Como otras piezas mochica, estaban hábilmente modeladas, llenas de atención en los detalles y cuidadosamente pulidas y pintadas.

Luego de analizar todas las que pudo, hizo números y comparaciones y concluyó que la inmensa mayoría de prácticas sexuales representadas en esas piezas no tenía fines reproductivos. Es decir, lo que predominaba era formas de intercambio sexual como penetraciones anales, sexo oral y masturbación, siendo extrañamente escasas las imágenes de cópula vaginal. Se preguntó por qué. Encontró una posible explicación en una pieza famosa, que mostraba a una mujer que amamantaba a un niño en pleno intercambio sexual con un hombre. Eso parecía sugerir que mientras durara el período de lactancia no le convenía a esa pareja tener sexo vaginal, a fin de no embarazarse de nuevo. Por lo tanto, según Larco, este tipo de sexualidad debía representar un método de control de la natalidad. No es una mala idea. Pero, desgraciadamente, es difícil de comprobar.

Aunque a primera vista no lo parece, esta escena sexual representa una cópula anal. Cerámica moche.


Larco no pudo evitar que en su análisis de otras piezas, se le ocurrieran ideas menos convincentes. Por ejemplo, clasificó un grupo de piezas como "humorísticas", porque mostraban hombres de penes enormes o mujeres de vulvas amplísimas. A otras piezas las denominó "moralizadoras" porque mostraban individuos cadavéricos teniendo sexo, lo que él interpretó como una supuesta "advertencia" de los "peligros" que tenía para la salud el "abuso de la sexualidad". Está claro que, a pesar de su esfuerzo y dedicación, Larco no pudo evitar que sus propias ideas y prejuicios, fruto de su época y educación, juzgaran el arte de un pueblo desaparecido. Ver el pasado con los ojos del presente es un riesgo que acecha a todos los historiadores y arqueólogos. Más aún cuando se trata de comprender civilizaciones perdidas como la mochica, de la que no tenemos ninguna historia escrita, ni testimonios directos sobre la forma en que ellos veían y entendían el mundo.

Aunque a primera vista no lo parezcan, todas las piezas de la imagen representan cópulas anales. Vista de una vitrina del Museo Larco

Ni siquiera hoy, a pesar del interés que sigue sucitando el arte erótico de los moche, se ha avanzado lo suficiente en este tema. Es cierto que hay estudiosos que han trabajado en el asunto (ayudándose con metodologías semióticas, antropológicas, iconográfias) y han elaborado interesantes teorías... Pero estas no siempre se complementan y a menudo se contradicen entre sí. Pero hay algunos consensos. Por ejemplo que en muchas de esas piezas hay sutiles elementos simbólicos que indican que la intención principal de los artistas moche no era simplemente mostrar la realidad tal como era sino "decir algo más". Cosas que un mochica entendería... Pero que nosotros, todavía, no hemos logrado comprender. Pero hay algunas cosas que hemos aprendido..

Sobre el sexo convencional

Las dos escenas que se muestran aquí han sido redibujadas de dos piezas de cerámica moche. La primera está modelada en relieve. La segunda está pintada sobre la vasija. Pero ambas parecen contar la misma "historia". En ellas, el punto culminante es el encuentro sexual entre la divinidad de cara arrugada y una mujer. Imágenes tomadas de Bourget, 2007.
Por ejemplo, no es que no haya representaciones de coito vaginal en el arte moche. Pero están casi restringidas a una sola escena en donde un varón que tiene colmillos, rostro arrugado y decoración corporal (características todas identificadas con las de un ser mitológico que Larco llamaba Aiapaec) se enlaza frontalmente con una mujer. Si bien en estos casos no se nota de manera explícita la ubicación de los genitales (como suele pasar en las representaciones de sexo anal), las posiciones de los cuerpos son consistentes con un coito tradicional. Además, estas escenas a veces están relacionadas con imágenes de plantas o árboles que crecen, lo que ha sido interpretado como un símbolo de fertilidad.


Un fragmento de la escena anterior convertida en una pieza única. Se notan claramente los atributos de la divinidad (colmillos, serpientes brotando de su cuerpo). Colección del Museo Larco


Steve Bourget ha anotado que este encuentro forma parte de una "historia" mítica que ha sido representada en varias piezas de cerámica moche y que consta de cuatro episodios. El encuentro sexual entre la divinidad masculina y la mujer, sería el último de esos episodios.

Existen muchas escenas sexuales en las que no se aprecian con claridad la pos


Las vasijas funcionales

Las piezas que Larco calificó de "humorísticas" fueron aparentemente diseñadas para cumplir una función. Las de los individuos que presentan penes descomunales (a veces tan largos como el resto del curpo) son vasijas con una abertura en la "cabeza" del hombre, por donde supuestamente se debía verter el líquido que debía contener la vasija. Pero lo curioso es que no se puede sacar el líquido por la misma abertura por donde ingresó pues alrededor de la cabeza existen varios agujeros. La idea es clara: Si alguien intenta beber desde la cabeza del individuo, el líquido se derramará primero por los agujeros y empaparán a la persona. Así que no queda más remedio que beber por la abertura del pene del personaje. 

Cerámica moche de la coleccion del Museo de la Nación. Nótese los agujeros alrededor de la cabeza (donde está la abertura principal del recipiente) que impiden que desde ahí pueda beberse el contenido de la botella.
Si bien es evidente que esto para la sensibildiad contemporánea puede parecer una broma, no tenemso forma de saber si lo era o no para los moche. No se puede descartar la intención lúdica o que estas piezas formen parte de un juego. Pero podrían tener también una intención ritual. En el mismo sentido existen otras piezas dode se representa a una mujer recostada boca arriba y con las piernas abiertas, ocupando el fondo del plato o cuenco. 

Cuenco con doble fondo. Museo Larco
 
La vulva de esta mujer es una abertura hacia el doble fondo de la vasija. El "juego" otra vez está claro. Se puede verter líquido en el cuenco pero este se "colará" al segundo fondo del plato. Y luego solo sera posible extraerlo virtiéndolo por la abertura de la mujer. 

¿Mujer subordinada?

Es difícil hacer generalizaciones pero en la mayoría de los casos se percibe una actitud de sumisión (forzada o voluntaria, no lo sabemos) del hombre a la mujer, especialmente en las representaciones de sexo oral donde algunos autores han percibido una actitud coercitiva y violenta. 

Cerámica moche. Colección del Museo Larco.


Pero hay otros casos en donde queda clara la intención de proporcionar placer a la mujer mediante la manipulación manual de sus órganos genitales. En todo caso, no sabemos si las piezas disponibles son una muestra equilibrada y representativa del arte erótico de los moche, por lo que es arriesgado sacar conclusiones sobre las relaciones de género solo a partir de la cerámica.


Muertos por todas partes

Si consideramos que estas piezas estuvieron destinadas para ser enterradas junto con los difuntos, no resulta tan sorprendente que aparezcan personajes esqueletizados (¿medio vivos? ¿muertos? ¿ enfermos?) practicando actividades sexuales. En este caso debemos ampliar la mirada. Los muertos aparecen en muchas representaciones del arte moche pero no solo teniendo sexo sino también bailando o tocando instrumentos musicales. Eso puede darnos una idea de lo que ocurre en el más allá, para las creencias mochica. En la otra "vida" realmente se "vive". 

En la mentalidad andina esto no es exclusivo de los moche. Casi todas las culturas del Antiguo Perú tenían complejos rituales funerarios en los que, de alguna manera, se "convivía" con los muertos. Existen testimonios de la época colonial temprana en las que se registran rituales con los muertos en los que se les cambiaba de ropa o se les renovaba las ofrendas de comida y bebida en las tumbas y chulpas, mucho tiempo después del entierro original. Así, si los muertos pueden "comer" y "beber", ¿por qué no podrían tener sexo? 

Dos piezas que muestran manipulación de los genitales de dos parejas de "muertos" heterosexuales. Colección del Museo Larco.


Lo curioso es que en las representaciones eróticas moche los "muertos" (los ponemos entre comillas porque, a pesar de tener cabeza y cuerpo esqueletizado, normalmente lucen sus genitales intactos) interactúan no solo con otros muertos sino también con personas vivas. Normalmente en parejas. Pero a veces de a tres. En todas las combinaciones posibles (incluidos, sí, grupos del mismo sexo que manipulan mutuamente sus genitales).

¿Cómo entender todo esto? Hay hipótesis para todos los gustos. Desde que son un símbolo de otra cosa (es decir, representan algo que no es sexual) hasta que tiene relación con las prácticas sexuales que prefería el difunto en cuya tumba ese objeto fue colocado. Estas son cosas muy difíciles de comprobar. Quizá solo excavando arqueológicamente una buena cantidad de tumbas que contengan este tipo de objetos podamos acercanos a la verdad. Así se podría comprara el sexo de los cadáveres con el sexo de los personajes representados en las piezas y encontrar relaciones (comprobando que hay una conexión entre ambas cosas) o diferencias (que no tienen nada que ver).  Pero lamentablemente la enorme mayoría de piezas eróticas moche procede de colecciones que tuvieron un origen clandestino (huaqueo) sin registro arqueológico. O, cuando lo hubo, fue hace mucho tiempo, cuando la antropología física estaba poco desarrollada en el Perú y no era tan fácil identificar el género o la edad de un individuo a partir de sus huesos.

Escena sexual mochica entre un hombre y una mujer. Este vaso resulta curioso por las dimensiones del miembro del varón y la "animalización" de la mujer pues sus extremidades delanteras se han convertido en "patas" y su cuerpo ha sido engrosado notablemente. Está claro que no es una falla del artista sino una representación intencional, cuyo sentido no concoemos. Colección del Museo Larco


¿Qué podemos concluir de todo esto? En principio, que el tema tiene para largo. Los investigadores no tienen más remedio que usar otras disciplinas (antropología, etnohistoria, semiótica, estudios iconográficos) para superar las evidentes limitaciones que la arqueología tiene para interpretar estos el arte erótico moche. En todo caso queda claro que la relación muerte-sexualidad es muy fuerte en el arte moche, que la relación con la fertilidad de estas escenas sexuales es controvertida (salvo que sea por oposición) y que existen códigos y símbolos que se repiten y cuyo verdadero significado estamos lejos, todavía, de entender.

Fuentes

Para este artículo hemos consultado los textos "Checan" (estudio de arte erótico de Rafael Larco Hoyle, Lima, 1966), "El sexo en el antiguo Peru" (de Federico Kauffmann Doig, Lima 2001) , "Morir para gobernar: Sexo y poder en la sociedad moche (de Steve Bourget, Santiago de Chile, 2007) y hemos revisado el catálogo en línea de piezas de arte erótico mochica del Museo Rafael Larco Herrera de Lima.


Pablo Chacón B.
www.antiguoperu.com

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