El Sacrificador Rojo



A pesar de sus proporciones humanas, el rostro y el hocico de este extraordinario personaje, son los de un felino. Mientras abre las fauces, entrecierra los ojos, como si estuviera lanzando un rugido. Ahora oberven su regazo. Hay un hombre tendido ahí. Como tiene los ojos abiertos podríamos suponer que está vivo... y bien despierto. Pero no puede escapar. Porque una de las manos del "monstruo" está sujetando sus cabellos. Y en la otra hay un objeto plano (un cuchillo) que se aprieta contra la garganta del pobre hombre.

No es la primera vez que esta criatura hace estas cosas. ¿Cómo lo sabemos? Porque en su ropa (a los lados, por detrás) hay cabezas humanas cortadas y hasta dos cuerpos colgados. Y eso no es todo. Si te fijas bien notarás que en la superficie de la escultura hay zonas coloreada. Como si "algo rojo" se hubiera derramado por encima de la criatura. ¿Adivinan de qué se trata? 😳

Vista lateral de la pieza. Nótese el cuerpo "colgado" en la parte superior y la cabeza humana que el personaje lleva "atada" a la cintura. Debajo de ésta (y también en el brazo) puede verse, inciso, un clásico diseño usado tanto por los tiahuanaco como por los wari: El de una cabeza de ave vista de la lado con un ojo redondo partido en dos mitades. Imagen: Museo de Arte de Cleveland. 


Ahora pongámonos serios un momento: En el arte de las culturas del antiguo sur peruano (Pucará, Paracas, Nazca, Wari y Tiahuanaco) no era raro representar seres sobrenaturales portando cabezas humanas. En ese sentido, esta figura no resulta tan sorprendente.

¿Quién la hizo?

Salvo el extraño e inusual grosor de los párpados de la criatura, el resto de sus detalles sugiere que fue tallada entre los años 500 y 900, cuando las culturas Wari y Tiahuanaco se extendieron, respectivamente, por los territorios de los actuales Perú y Bolivia. La corona radiante tiene el estilo tiahuanaco tradicional (que los wari solían imitar) y recuerda lejanamente a la famosa figura central de la Puerta del Sol boliviana. Pero el cuerpo de la criatura tiene la forma rechoncha típica de los personajes wari (con la cabeza casi tan grande como el cuerpo). En la vestimenta, además de cabezas humanas, hay diseños comunes al arte de ambas culturas (figuras de cabezas de animales incisas, cintas divididas en segmentos rectangulares, etc) pero la forma "desordenada" en que se distribuyen esos elementos hace pensar más en los wari que en los tianuanaco, cuyos detalles decorativos suelen ser mucho más simétricos y ordenados.

Los curadores del Museo de Arte de Cleveland (que es la entidad que la custodia) le practicaron análisis profundos. La prueba de radiocarbono confirmó que la madera fue tallada entre los años 760 y 890 de nuestra era, fechas que coinciden con el final del período wari. 

La parte posterior de la pieza tiene otros rasgos inquietantes. Hay una cabeza "colgada" boca abajo. Es dificil saberlo pero podríamos especular con que no la sostiene una cuerda... sino su propia columna vertebral. Imagen: Museo de Arte de Cleveland.



Aunque luce imponente es un objeto pequeño. ¡Tiene solo 11 centímetros de alto! No fue encontrado por arqueólogos (lamentablemente 🙁) por lo que no conocemos su contexto original, aunque se sabe de al menos tres piezas de proporciones similares en colecciones y museos en el mundo.

Imagen del procedimiento de extracción de algunas partículas de madera del interior del objeto, para ser sometidas al procedimiento de datación por radiocarbono. Este tipo de método permite conocer la época en que empezaron a descomponerse las sustancias de origen orgánico y nos ayudan a determinar su edad. Es útil con madera, textiles o hueso. Imagen extraida de un video del Museo de Arte de Cleveland.

Pero... ¿qué es?

¿La tallaron para asustar a los niños? ¿Para representar a un sacerdote disfrazado? ¿Para ilustrar el momento culminante de una historia mítica o religiosa o tenebrosa que contaban los wari en las noches sin luna? No sabemos eso... La teoría decía que este tipo de objetos servían para guardar cal (útil para los procesos de masticación de coca). Pero los análisis químicos no encontraron restos de cal. En cambio se encontró que su interior estaba lleno de cinabrio (sulfuro de mercurio) un mineral que los antiguos peruanos usaban para teñir el cuerpo de los muertos, para así retrasar su descomposición. El rojo de nuestro Sacrificador se debe al cinabrio y no a la sangre.

Por el enorme esfuerzo (y talento) que mereció tallar esta contenedor para guardar cinabrio, está claro que la sustancia debió ser muy valiosa para el usuario de esta pieza de madera. ¿Se trató de un sacerdote? ¿un chamán? ¿un dignatario?

Otra vista del objeto, mostrando la forma en que se sujeta a la "víctima" . En esta vista también se nota la abertura en la parte superior de la pieza. Imagen: Museo de Arte de Cleveland.

Algunas ideas

Hasta aquí lo que los arqueólogos y científicos han concluido, hasta ahora sobre esta pieza. Si lo permiten los lectores, podríamos especular un poco... Asumiendo como premisas que:

a) El cinabrio pudo ser utilizado por las personas que custodiaban este objeto para prácticas funerarias (y que no lo usaron para nada más),
b) que este recipiente se usaba solo para llevar cinabrio, y
c) que representa a un ser sobrenatural "ejecutando" a una persona,

entonces, quizá podríamos interpretar que esta figura representa el "proceso de morir". El personaje mayor podría ser algún tipo de ser sobenatural (¿un dios? ¿la muerte?) que "se lleva" a los muertos consigo. Por eso tiene "partes" de muertos pegados a la ropa. La acción representada en la imagen, es decir, el acto de cortar el cuello, no sería entonces algo necesariamente realista y violento sino, quizá, una metáfora mítica del momento de la muerte. En ese sentido, no sería incoherente que un recipiente que contiene cinabrio esté decorado con una representación mitológica de la muerte.

  
La pieza llegó al Museo de Arte de Cleveland por la la donación de un coleccionista a principios del siglo.





Un texto de Pablo Ignacio Chacón
www.antiguoperu.com

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