¿La corona de un chimocápac?


 
Estos ornamentos, elaborados con una aleación de oro, cobre y plata, fueron encontrados en una tumba en Chan Chan, la capital del Estado Chimú cerca de la actual ciudad de Trujillo, por excavadores clandestinos en una fecha que no se ha podido determinar. Al menos eso es lo que le dijeron a Rafael Larco Hoyle (famoso coleccionista e investigador) cuando adquirió el conjunto en el primer tercio del siglo XX. Es probable que se trate del único ajuar funerario "completo" que se ha conservado de un Chimo Capac, que es como los incas llamaron a los reyes chimú.
 




Imagen:  Museo Larco de Lima



Como se sabe los chimú (un pueblo que heredó buena parte de la cultura moche) unificaron todos los valles de la costa norte y norcentral del Perú entre los años 1100 y 1470. Construyeron un estado militarista que desarrolló las más grandes obras de irrigación que conoció la América Precolombina (al punto que la mayoría de sus canales se utilizan hasta el día de hoy para regar los valles del norte). Los excedentes de sus riquezas se invirtieron en sustentar a una clase de artesanos expertos en elaborar artículos de lujo para su dignatarios. El prestigio de estos orfebres era tan grande que atrajeron la atención de una los guerreros de la sierra que, a mediados del siglo XV, andaban conquistando a diferentes culturas del centro del Perú. Eran los incas quienes, luego de anexarse Huamachuco en la sierra de La Libertad, le hicieron la guerra al último de los chimocápac que, según las crónicas, era conocido como Minchancamán. El líder ofreció una fiera resistencia a los invasores cusqueños pero fue, finalmente, derrotado alrededor del año 1470. 

Chan Chan, repleta de las tumbas de los reyes antiguos, se convirtió entonces en una ciudad fantasma. Los incas se llevaron, en calidad de mita, a todos los artesanos metalúrgicos chimúes al Cusco para que deslumbraran con su arte a la élite del último imperio andino. Algunas crónicas consideran que muchas de las joyas chimú fueron fundidas en el Cusco para ser reelaboradas al gusto inca. Pero la historia está llena de ironías... Cuando los conquistadores españoles llegaron al Perú sólo 60 años después, casi todas las piezas de oro que habían reelaborado los chimú para los incas, fueron nuevamente fundidas, pero ya no para hacer joyas sino lingotes que alimentarían las fortunas del nuevo imperio europeo.

Sobre el destino de Minchancamán hay versiones contradictorias. Algunas crónicas dicen que murió en la batalla y otras que fue llevado a Cusco como prisionero, donde se le permitió vivir con cierto decoro hasta su muerte, dejando a uno de sus hijos en su tierra de origen, como un simple rey vasallo de los incas. Lo que sí se sabe es que, a diferencia de sus ilustres ancestros, no tuvo la oportunidad de construir para él un templo funerario. Y es que lo que comunmente se llaman "ciudadelas" en Chan Chan (conjuntos de edificios amurallados) serían, de alguna manera, tumbas gigantescas, pues en el centro de cada una de las nueve "ciudadelas" se encuentra una plataforma funeraria donde se cree que se inhumaban los restos de cada gobernante fallecido y su corte, enterrados con todos sus bienes y tesoros.

Como puede suponerse entonces la mayor parte del oro chimú sobreviviente quedó oculto bajo los muros de barro de Chan Chan. Pero tras la conquista europea. la antigua capital del estado costeño fue una y otra vez asolada por los saqueadores de tumbas. Durante la época colonial este fue un negocio legal y nada clandestino pues se expedían licencias de "minería" para huaquear en Chan Chan. Y era algo que no se hacía, precisamente, para recuperar obras de arte perdidas... Cuando el complejo arqueológico empezó a ser protegido a mediados del siglo XX, ya quedaba muy poco de sus tesoros enterrados.

Vista de la tumba de un monarca chimú en el interior del Complejo Tschudi, uno de los nueve monumentos funerarios de Chan Chan, cerca de Trujillo. Imagen tomada del blog viajeroincidental.blogspot.com 
 
Todo eso hace que estas joyas tengan un valor excepcional, mas allá de sus materiales y diseños. Los pendientes, las hombreras, el pectoral, la corona y las cuatro "plumas" que sobresalen de ella repiten, con diferencias sutiles, la imagen de un personaje con tocado en forma de media luna, a veces animalizado, otras veces realista. Quizá se trate del mismo gobernante que portaba estos emblemas o uno de sus ancestros. Veamos algunos detalles de las piezas. 

Las plumas

 
El diseño repujado que se repite en las láminas doradas es el de una criatura de cabeza animal (con orejas puntiaguadas, como de felino, y pendientes) y tocado semicircular, que sostiene una esfera y de cuya espalda sobresale una segunda cabeza de animal, similar a la primera, aunque sin pendientes.  
 

 El pectoral


también presenta imágenes repetidas. La que se distribuye por la mayor parte de la pieza es similar a la de las plumas de la corona, salvo que se ven con claridad las garras del personaje y que la cabeza que sobresale de su espalda tiene una lengua curvada. La otra figura, alrededor del "cuello" de la imagen, está compuesta por tres elementos: un ave en actitud de vuelo, un cuerpo seccionado boca abajo (se ven las piernas y una hilera de cuatro círculos que quizá representen las vértebras del individuo descuartizado) y una ola que separa los dos elementos anteriores. 
 

 Los pendientes



Las grandes orejeras circulares muestran un diseño algo más convencional. Lo que se repite esta vez es una cabeza (esta sí humana) coronada y que tiene, a su vez, sus propias orejeras. ¿Se trataría acaso de un retrato del personaje que llevaba puestas todas estas piezas? 
 

 Las hombreras

En las dos secciones inferiores aparece otra muestra del poder del personaje, pues sostiene, en cada mano, una cabeza humana cortada. ¿tendrán estas cabezas alguna relación con los cuerpos seccionados que aparecían en la parte superiro del pectoral? Los agujeros que rodean la pieza parecen demostrar que esta iba cosida a la ropa (lamentablemente perdida) del difunto.


Vista cercana de una de las hombreras. Foto: Museo Larco

Detalle del personaje que aparece repetido en el pectoral y las hombreras, llevando en cada mano una cabeza cortada. Foto: Museo Larco


El collar


Collar de esferas huecas. Foto: Museo Larco.



Nota: Esta artículo es una versión ampliada y actualizada (en 2021) de uno publicado, sobre el mismo tema, en el año 2015 en este mismo blog.


Pablo Ignacio Chacón
www.antiguoperu.com


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