Secretos del cabello de las momias

La arqueología es una disciplina que requiere paciencia. Rara vez las respuestas a las grandes preguntas que genera una tumba, un templo o un pedazo de cerámica, son inmediatas. A menudo hay que buscarlas no en una nueva excavación sino en objetos que ya llevan mucho tiempo en los almacenes o incluso en las vitrinas de un museo.

Cabeza de una de las momias analizadas. Los restos de un turbante multicolor se entretejen con restos de cabello de la momia, analizados por el estudio que referimos aquí. Foto : Ann Peters para Journal of Archaeological Science.  

Un caso clásico está en los hallazgos que Julio C. Tello y Toribio Mejía Xespe hicieron en el cementerio de Wari Kayan en la falda norte del denominado Cerro Colorado, en Ica  (tema del que ya hemos hablado aquí y aquí) de donde extrajeron 429 momias envueltas en fardos funerarios del estilo que Tello denominó Paracas Necrópolis, la mayoría de las cuales están en el Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú (MNAAHP).  Han transcurrido  casi 90 años desde entonces pero el estudio de esos restos está muy lejos de haber terminado. Son famosos porque muchos de ellos contenían algunos de los mejores textiles precolombinos que existen y es en esas magníficas obras de arte en donde se centraron la mayoría de los estudios realizados. Pero la información más rica está en las momias. 


El estudio de las momias

A mediados de la década pasada se empezó a estudiar con mayor ahínco los propios restos humanos, revelando información fascinante no del todo conocida: Por ejemplo que algunos de estos paracas, a pesar de la riqueza con la que fueron enterrados, no parecían proceder de "clases acomodadas" pues sus cuerpos tenían evidencias de haber realizado intensivos trabajos manuales. Algunos presentan evidencias de osteoma en los oídos (un crecimiento irregular en los huesos del oído típica de quienes están acostumbrados a bucear a grandes profundidades) algo que podríamos esperar de un pescador pero no de un miembro de la élite. Incluso hay evidencias de re-enterramientos: Algunos textiles parecen haber sido elaborados mucho tiempo después de la muerte del individuo, como si el cadáver hubiera estado antes en otra tumba y hubiera sido extraído de ella por sus deudos para volverlo a vestir. Esto era posible debido a que los cuerpos se conservaban en relativamente buen estado gracias a la extraordinaria sequedad del desierto. Son asuntos fascinantes y que todavía está lejos de aclararse. 

Si bien la mayor parte de los tejidos blandos del rostor de este individuo se ha desintegrado, la conservación de su cabello es excepcional. Esto se debe a las condiciones de sequedad que hay bajo el desierto de Paracas donde estoy restos fueron hallados en 1927. Foto: Elsa Tomasto para Journal of Archaeological Science

Pero hay otro asunto sobre el que por fin se ha encontrado respuestas: la dieta.

La alimentación: Evidencias

Si encuentras una tumba que está ubicada tanto cerca del mar como de los valles agrícolas no debería sorprenderte que junto con el cadáver se hayan enterrado fragmentos de redes, alguna mazorca de maíz o un recipiente elaborado con la cáscara de una calabaza (un mate). A partir de ese hallazgo es lógico pensar que el individuo vivía en una sociedad en donde se pescaba mucho y se cultivaba maíz y calabaza. Pero, si bien esa conclusión es completamente razonable no es una prueba de que el individuo sepultado viviera allí o que se alimentara de los productos locales. 

Pues bien, un equipo peruano-nortamericano de científicas ha realizado un análisis bioquímico a muestras de cabello de 14 momias de los fardos de Wari Kayan (entre dos y diez muestras de cada una) y a dos artefactos elaborados con cabellos humanos encontrados en las mismas tumbas. Su estudio se basó en analizar la composición de la queratina (una proteína constituyente del cabello) para encontrar distintos isótopos de nitrógeno y carbono que pudieran revelar lo que esas personas habían comido las semanas previas a su muerte. En todos los casos la conclusión fue la misma: El tipo de isótopos registrado es coherente con la alimentación de una persona que consume frijoles, maíz y mariscos, lo que a su vez es consistente con lo que entonces se cultivaba en el Valle de Pisco (el más cercano a las tumbas) y a los productos que se extraen del mar de Paracas.

El Valle de Pisco, explotado por los paracas desde al menos el siglo VII antes de Cristo. (Foto tomada de agroforum.pe)  

Esto no es simplemente una "confirmacion de lo obvio" sino que permite hacer inferencias interesantes: 1) Se consumían productos locales por lo que se confirma la autosuficiencia de la economía local, al menos en lo que atañe a estos individuos. 2) Pese al intercambio de productos que se sabe que ya desde entonces existía entre la cuenca de Ayacucho y los valles de Ica, los personajes encontrados no muestran evidencias de haberse trasladado entre regiones (o bien que, si viajaron a la sierra, siguieron consumiendo una dieta eminentemente costeña, al menos en las semanas previas a sus muertes).

Las fechas

Estudios radiocarbónicos previos a este estudio (en particular un análisis realizado por una misión japonesa en la década pasada) han indicado que la fecha de la muerte de estos individuos ocurrió, en líneas generales, entre los años 250  y 50 a.C. aunque hay que mencionar que existe un gran debate entre los estudiosos por la cronología Paracas sobre esas fechas. La antiguedad anteriormente atribuída a estos restos (que se prolongaba supuestamente hasta el 500 a.C.) ha sido prácticamente desvirtuada. Algunos investigadores (Silverman, León) creen que el cementerio incluso se siguió utilizando hasta fechas tan tardías como el segundo siglo de nuestra era. Hay muchas evidencias que apuntan a que después de los entierros los restos sus descendientes siguieron interactuando con ellos incluso generaciones después (según los estudios de Peters) probablemente la razón por la que algunos textiles parecen ser más recientes que las mismas momias.  Esto es coherente con las prácticas religiosas que los conquistadores españoles describieron en el siglo XVI (desenterrar las momias para rendirles culto en fechas específicas) aunque no se tenía constancia de que dicha costumbre pudiera ser tan antigua. 

La cabeza de una momia masculina, cuyo cabello estaba ceñido con un tocado de fibras vegetales teñidas y plumas. Foto: Ann Peters. para Journal of Archaeological Science

Los restos de un elaborado tocado de algodón y plumas que llevó de un individuo masculino que murió hace más de dos mil años. La conservación del textil y del pelo también en este caso es notable. Foto: Ann Peters  , para Journal of Archaeological Science
La cabeza de una de las momias, con el pelo trenzado y muy bien conservado y abundantes fibras de lana de llama. Foto: Elsa Tomasto para Journal of Archaeological Science



Más información
  • La investigación ha sido publicada por la revista Journal of Archaeological Science, Vol. 55 del mes de marzo y está firmada por la bioarqueóloga peruana Elsa Tomasto Cagigao de la PUCP, Ann H. Peters (quien tiene muchos años estudiando los fardos paracas) y Kelly J. Knudson de la Universidad de ArizonaEl estudio se titula "Paleodiet in the Paracas Necropolis of Wari Kayan: carbon and nitrogen isotope analysis of keratin samples from the south coast of Peru". Un resumen puede verse aquí (en inglés) 
  • Sobre el trabajo de creación de una base de datos para los restos paracas de Wari Kayan que realizan hace varios años las Dras. Peters y Tomasto puede consultarse esta estupenda web
  • Sobre el fascinante tema de la cronología de las momias de Wari Kayan, y en general de la relación entre los períodos Paracas y Nazca, realizado hace algunos años por el arqueólogo Elmo León del MNAAHP. Clic aquí 
  • Cobertura de la noticia: Diario ABC, Universidad de Arizona (Clic Aquí)
  • En el Museo Nacional de Arqeuología, Antropología e Historia están expuestos de manera permanente muchos textiles de Wari Kayan. Más información aquí

Un artículo de Pablo Ignacio Chacón
preparado para Antiguoperu.com
Reservados todos los derechos, 2015

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