El viejo truco de los imperios perdidos

Hace unos días alguien dijo que el imperio español fue el "imperio de los derechos humanos". Quizá ese alguien no sabe (o, peor aún, lo sabe muy bien) de qué derechos hubiera gozado de haber nacido en un pedazo de ese imperio. Digamos: en el Perú colonial. Veamos...



Primero, un poco de contexto

 
Dados los grandes cambios de altitud en distancias cortas en los Andes, muchas comunidades agrícolas no controlaban una sino VARIAS parcelas ubicadas en distintas zonas ecológicas. Así podían contar, por ejemplo, con papas de tierras altas, maíz de las intermedias y algodón en las bajas. Los calendarios rituales-agrarios organizaban el desplazamiento de los labradores, las relaciones entre distintas comunidades y la economía local. Esta forma de adminsitración del territorio, denominada "Control vertical de un máximo de pisos ecológicos" en los años 70s por el antropólogo John V. Murra, fue común en los Andes del sur del Perú aunque revisiones modernas han advertido que no era un modelo fijo en todas partes y no era necesariamente extensible a toda la región de los Andes Centrales. Pero es un buen punto de partida para ponernos en el contexto de lo que ocurrió en la década de 1570 y el impacto que tuvo. 
 
 

 
 
Fue durante el gobierno del virrey Francisco de Toledo (1569-81) que impuso una política de reasentamientos masivos. Para una mejor administración de lo que se consideraba una población dispersa y difícil de controlar, el estado virreinal dispuso la migración forzosa de alrededor de 1.4 millones de andinos que tuvieron que abandonar sus tierras y mudarse a una de las 489 reducciones o "pueblos de indios" [según Mumford, 2012] establecidas por nuestro "imperio de los derechos humanos".

¿No te te gusta tu nuevo pueblo? ¿Extrañas las tierras de tus ancestros? No te preocupes, el régimen colonial tiene algo para que se te cure la nostalgia: la mita minera. Irás a trabajar durante un año (en calidad de mitayo) a las minas de plata y de mercurio, de las que quizá no regreses nunca. Por ejemplo, en la provincia de Chumbivilcas (Cusco), cuyos habitantes eran reclutados para extraer mercurio en las minas de Huancavelica, la población pasó de 23600 a 7300 (-70%!) solo entre 1615 y 1690 [ Rendón, 2020]. Y no, este caso, bien estudiado, no tuvo nada que ver con las epidemias, la excusa habitual de quienes quieren atenuar la responsabilidad de las nuevas instituciones coloniales en el despoblamiento andino del siglo XVII.
 

 
 
En los archivos judiciales y eclesiásticos de la época sobran evidencias de los excesos. Los curacas de Chucuito (Puno), por ejemplo, denunciaron en 1600 no solo las "crueldades, azotes, fuerzas y violencias" que pesaban sobre sus hombres, enviados a las minas de plata de Potosí (actual Bolivia), sino que pedían que no se les hiciera trabajar de noche "como en todas las naciones del mundo y en la cristiana como más piadosa" [Zagalski, 2014].
 

 

Bueno, pero ¿al menos esto de la mita era un trabajo pagado? Sí. Aunque si eras un mitayo que venía de
alguna comunidad bajo el régimen del tributo indígena (la enorme mayoría) , ¡el 88% de tus ingresos se iba para el Estado! [Assadourian, 1979]. Comprensión por favor: de algo tenía tenía que vivir el "imperio de los derechos humanos"… Bueno, dirán los cínicos: al menos tenían salario. Sí. Pero ese tampoco era un "beneficio" universal entre quienes vivían en los Andes coloniales.

Trabajar gratis


El nuevo orden estimuló activamente el tráfico de personas oriundas del  África occidental para que trabajen sin horarios ni salario en toda la América Española. Entre 1551 y 1640 entraron "legalmente" 1223 barcos negreros a las colonias hispanoamericanas (350 mil personas de ambos sexos). Se calcula que,contando a los nacidos localmente, en tres siglos hubo 3millones de esclavos entre México y Chile. En 1589 la Casa de Contratación de Sevilla, en un informe al rey, explicaba que los esclavos eran "la mercadería más importante que se lleva a las Indias". Un dato: En 1594 el 47.9% de los barcos que llegaron a Hispanoamérica eran negreros [Mellafe, 1973]. 
 


Bueno, al menos se promovía el libre comercio, ¿no? Pues… tampoco. Solo podías vender a través del estado, que entre 1519 y 1778 tenía el monopolio del comercio. Y lo que producías localmente no podía ser exportado por tu cuenta. Así que no: promover la economía americana tampoco interesaba al imperio de los derechos humanos... ¿Seguimos? Ya, pero, ¿al menos se respetó la rica diversidad cultural local…? A primera vista eso parece: la riqueza cultural de los países americanos que no exterminaron a sus poblaciones indígenas, no solo es espectacular sino que sustenta las identidades nacionales de la mayoría de países hispanoamericanos. Pero, en realidad, se ha perdido mucho. No solo por avatares de la historia sino de manera intencional. En los Andes hubo una política OFICIAL de destrucción de sitios religiosos autóctonos (extirpación de idolatrías), persecución y castigos para quienes practicaban usos y cultos no cristianos (como lo demuestran las actas de los concilios limenses de 1556, 1561 y 1562, que alentaron agresivas estrategias de evangelización compulsiva y prohibición de un sinnúmero de costumbres) por no hablar de la destrucción de archivos (quipus) o de que, por fines prácticos, se prohibió en muchas regiones el uso de lenguas hoy perdidas en favor del quechua y el aymara, que no eran entonces mayoritarias, como comúnmente se cree.
 

 


Entonces ¿todo era malo?


No he dicho eso. Y tampoco es lógico juzgar hechos del pasado Solo que hay que mirar el
q mirar el cuadro completo. Nada de esto significa que el regimen anterior (el imperio inca) fuera "mejor" o "peor", pues, finalmente, Todos los imperios de la historia viven de explotar a otras naciones en beneficio de sus élites dirigentes. De hecho, muchas naciones andinas sometidas por los incas ofrecieron su apoyo entusiasta a Pizarro y compañía porque estaban hartos de los abusos cusqueños. Es lo que pasó, por ejemplo, con los chachapoyas, los huancas, los cañaris o los huaylas. Claro que después se darían cuenta, con amargura, de que solo cambiaron a un explotador por otro. Pero tampoco estos pueblos eran santos... Y es que ahí está el problema: idealizar realidades históricas pasadas es absurdo, porque todas las civilizaciones tienen luces y sombras. Para conocerlas hay que mirarlas en conjunto, con sus logros y sus miserias, resistiendo la tentación de esconder unas para resaltar las otras. Y sí se puede. Podemos hablar de la brutal explotación de los andinos por parte de
los españoles durante el virreinato, sin dejar de mencionar,  por ejemplo, la introducción de la imprenta o la universidad en el Perú. Igual que podemos hablar de cómo los chimúes irrigaron los desiertos peruanos sin ocultar que sacrificaban niños en las playas de Huanchaco. Si la historia no es incómoda, probablemente no sea historia.
 



Pero la historia no es una ciencia exacta. Más arriba, por ejemplo, mencioné las reducciones toledanas, la extirpación de idolatrías o el tráfico negrero. Aún existe discusión, lagunas de información y arduos debates sobre las dimensiones de estos fenómenos. Pero ningún historiador serio los niega ni los minimiza. Y no por ser hinchas de "leyendas negras". Sino porque trabajan con las evidencias, que existen, aunque sean incómodas. Pero sí: la historia, a ambos lados del Atlántico, siempre será una herramienta útil para los los angurrientos de poder. Las glorias (reales o inventadas) de los ancestros siempre han sido una estrategia políticamente rentable: mueven fibras internas, nos hacen creer que somos herederos de hazañas de personas (que normalmente pensaban muy distinto de nosotros) y nos indisponen frente a los "demás" (migrantes, minorías…). Y ya sabemos a dónde nos lleva todo eso. El nacionalismo acrítico no solo deforma la historia: es alienante, fácilmente violento y un camino seguro a la tiranía. Sea de la orilla ideológica que sea.

En suma: eso de "imperio de los derechos humanos" es solo otro truKo politiKo de los charlatanes (y de sus penosos seKuaces loKales).
 
 
En este 12 de octubre, cuando recordamos el inicio de nuestra compleja, brutal y difícil historia común, está bien mirar hacia atrás. Pero no para admirar las cosas que unen la vasta y desigual comunidad que hoy habla la lengua de Sor Juana, Cervantes o el Inca Garcilaso. Sino para ejercer la crítica y aceptar nuestros demonios comunes, que no podemos ni debemos ignorar (porque son parte de lo que somos).
El futuro NO ES el pasado. Podemos ser mucho mejores que nuestros muy imperfectos ancestros.
 
Sitios mencionados en este texto



 
 
Un artículo de Pablo Ignacio Chacón


Bibliografía


  • Sobre la monetización del tributo indígena en el siglo XVI y cómo se demuestra que la mayor parte de los ingresos de los mitayos se iba a las arcas del estado, véase Assadourian, Carlos Sempat: La producción de la mercancía dinero en la formación del mercado interno colonial, México, 1979.
  • Sobre casos de reducciones en tiempos de Toledo en una región boliviana, véase: Jurado, Carolina: Las reducciones toledanaas a pueblos de indios: aproximación a un conflicto, 2014, disponible en https://journals.openedition.org/cal/7814
  • Sobre las consecuencias de los reasentamientos forzosos en los andes toledanos véase: Mumford, Jeremy Ravi (2012), Vertical Empire: The General Resettlement of Indians in the Colonial Andes, Durham: Duke University Press, p. 190
  • Sobre los mitayos de Chumbivilcas, véase: Rendón-Cusi, Sisko Fernando. La mita minera de Huancavelica y el despoblamiento durante los siglos XVI-XVIII. El caso de la provincia de Chumbivilcas, Perú. Papeles de Población, [S.l.], v. 26, n. 106, p. 155-181, jul. 2021. ISSN 2448-7147. Disponible en: https://rppoblacion.uaemex.mx/article/view/8867
  • Sobre los reclamos judiciales de los curacas de Chucuito por sus mitayos en Potosí, véase: Zagalsky, Paula C.: La mita de Potosí: Una imposición colonial invariable en un contexto de múltiples transformaciones, 2014, disponible en https://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0717-73562014000300005
  • Sobre los cálculos generales de la población esclava africana en América, véase la ya clásica, pero aún vigente síntesis de Mellafe, Rolando: Breve historia de la esclavitud negra en América Latina; México 1973 
  • Sobre el control vertical de pisos ecológicos, otro clásico (hay que leerlo como un marco teórico tipo, pues sus tesis han sido matizadas recientemente): Murra, John V: Formaciones económicas y políticas del mundo andino, Instituto de Estudios Peruanos, 1975.

 




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