El felino en el carbón

 Los felinos no sonríen: elevan las comisuras de sus labios como gesto de advertencia. Quizá es por eso que los muros de los templos —de acceso restringido— del Periodo Formativo ostentan felinos "sonrientes" como emblemas. Pasa lo mismo con los pequeños objetos que fueron enterrados con los personajes importantes de la época. Como este vaso de piedra.

 

 


Está hecho de antracita, un tipo de carbón muy denso que, todavía hoy, se extrae de las minas de la sierra norte. No es un mineral demasiado duro y por eso puede ser tallado con buriles de piedra o de cobre (que ya se usaban en los Andes hace uno 2600 años, cuando la pieza habría sido elaborada). Sus paredes muestran, duplicados, dos motivos diferentes.  Por un lado, el "felino sonriente" en el estilo del arte abigarrado de las culturas Cupisnique y Chavín, con cuatro colmillos y cabezas de serpiente brotando de la cara. Algo distinto es el rostro de la base, que tiene un colmillo central y que parte en dos unos labios que son, en realidad, una especie de serpiente de dos cabezas.



El otro motivo del vaso es un individuo sentado (sin cabello, con arrugas y larguísimos dedos en las manos y en los pies que sostiene una cabeza cortada, quizá el único elemento "completamente humano" de esta composición. ¿Estaremos viendo una decapitación por parte de seres sobrenaturales o una escena meramente simbólica? No lo sabemos. Pero sí que todos estos elementos están relacionados con
objetos que los arqueólogos han encontrado en los centros ceremoniales (templos) de los periodos Formativo Temprano y Medio de la zona noroccidental del Perú.



La cabeza cortada, por ejemplo. Tiene los párpados cerrados (lo que  "confirma" que es una cabeza real y no una representación) e incluye el clásico "lagrimón" de los personajes realistas que adornaban las fachadas de los templos de Cerro Sechín (en donde también hay muchas cabezas cortadas con los párpados cerrados) y Moxeque, ambos en el Valle de Casma.


En cambio, los rostros de felinos que sonríen mostrando solo los colmillos superiores, nos remiten al templo de Chavín de Huántar (que es posterior a  los de Moxeque y a Cerro Sechín), en especial a la famosa imagen tallada del Lanzón.


Durante los años de auge de Chavín, más al norte, en Kuntur Wasi, un anciano era enterrado con varias piezas de oro. Los arqueólogos encontraron entre ellas una escena comparable: Dos personajes sentados portando cabezas (de animales) flanqueando un felino sonriente (véase la primera foto de nuestro artículo sobre el oro de Kuntur Wasi, aquí). El cadáver estaba impregnado con cinabrio (sulfuro de mercurio) sustancia rojiza muy usada en los entierros imporantes de la época. Lo curioso es que nuestro vaso tiene pigmentación rojiza en sus intersticios. ¿será cinabrio? (Nota: no se han hecho análisis sobre esto). 


Entonces, ¿procede de una tumba? Es posible ¿De dónde? No lo sabemos pues no fue  recuperada por arqueólogos, sino saqueada por huaqueros, en algún lugar dentro de la amplia región que delimitan los sitios que hemos mencionado. Tras pasar por las manos de varios coleccionistas, la pieza fue revendida en los años 70 al Museo de Arte de Dallas, que la conserva hasta hoy (y cuyas fotos, procedentes de su web, he adaptado para este texto).


 

Fuentes

Giraldo, Mauro y Wiflredo Blas: "Minería actual del carbón en el norte del Perú". En: Revista del Instituto de Investigaciones FIGMMG -  -Vol. 10, Nº 20, 76-81 (2007) UNMSM

Kaulicke, Peter: Las cronologías del formativo: 50 años de investigaciones japonesas en perspectiva. Fondo Editorial PUCP. Lima, 2010

Onuki, Y. (1997). Ocho tumbas especiales de Kuntur Wasi. Boletín De Arqueología PUCP, (1), 79-114.


Pablo Ignacio Chacón

 



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