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La caída del Inca

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Ocurrió hace exactamente 487 años.
Aunque algo polémicos, tenemos los testimonios de seis testigos presenciales de los hechos. Otras ocho personas escribieron sobre los mismos acontecimientos luego de entrevistar a quienes participaron en ellos. Pero, a pesar de tal cantidad de informaciones (casi todas hispánicas), aún hay aspectos contradictorios, oscuros y desconocidos de lo que ocurrió esa tarde en Cajamarca. En algunos testimonios se nota la exageración de la propaganda. En otros, la omisión inexplicable de detalles que podrían resultar esclarecedores. Los historiadores llevan casi cinco siglos discutiendo cómo pudo pasar lo que pasó. Pero también hay varios consensos:


Cabezas en el mar

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El frío mar peruano no fue solo inagotable fuente de alimento para nuestros ancestros sino, también, el escenario preferido de sus mitos y leyendas. Del mar salieron -decían- los guerreros fundadores de los reinos norteños de los lambayeque y los chimú. Antes, los mochica dibujaron sobre sus vasijas todo tipo de seres marinos que peleaban entre sí, portando las armas de los hombres. Y por la misma época, en la costa sur, los alfareros Nazca modelaron y pintaron, en sus vasijas multicolores, increíbles criaturas con cuerpo de pez que tenían atributos humanos. 

 Es el caso de esta vasija. Representa a un personaje al que se le suele llamar "orca mítica" o "ballena asesina" (pues la notoria ausencia de branquias en el animal y la siempre evidente nariz, lo distancian de los peces) aunque no tenemos manera de comprobar exactamente en qué especie estaba inspirada, por la extraña ubicación de sus aletas puntiagudas y porque, claro, las ballenas de verdad n…

Recuerdos de una chullpa

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Entre 1920 y 1950 un fotógrafo puneño se dedicó a retratar la vida cotidiana de todas las clases sociales de la sierra sur del Perú. Su talento lo convertiría, a la larga, en el más importante fotógrafo peruano del siglo XX. Pero sus intereses incluían también el mundo misterioso de sus ancestros. Y es por eso que a este artista, llamado Martín Chambi, le gustaba organizar frecuentes excursiones a sitios arqueológicos de las regiones de Cusco y Puno.
Aunque varias de esas ruinas ya se han perdido para siempre, podemos todavía contemplarlas gracias al arte y precisión de las fotos de Chambi.

El Sacrificador Rojo

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A pesar de sus proporciones humanas, el rostro y el hocico de este extraordinario personaje, son los de un felino. Mientras abre las fauces, entrecierra los ojos, como si estuviera lanzando un rugido. Ahora oberven su regazo. Hay un hombre tendido ahí. Como tiene los ojos abiertos podríamos suponer que está vivo... y bien despierto. Pero no puede escapar. Porque una de las manos del "monstruo" está sujetando sus cabellos. Y en la otra hay un objeto plano (un cuchillo) que se aprieta contra la garganta del pobre hombre.

El felino de Huaca Partida

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Hubo una época (entre los años 1200 y 500 antes de Cristo) en que ocurrió algo, no sabemos bien qué, que provocó que empezaran a levantarse inmensos edificios decorados en el centro y en el norte del Perú. Los arqueólogos han demostrado que no eran palacios sino templos, preparados para recibir a grandes multitudes. Los muros de la mayoría de estos templos solían estar llenos de imágenes de seres sobrenaturales que eran mitad humanos mitad animales.

Cabello de serpientes

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Hace casi 3000 años, esta piedra estuvo colocada sobre el muro de uno de los santuarios más remotos y famosos del Antiguo Perú. Muestra a una criatura extraordinaria: De su cabeza emergen varias serpientes que se trenzan mutuamente como si fueran cabellos. Eso ha hecho que algunos la conozcan, coloquialmente, como la "medusa" Chavín. Aunque desde luego no tiene ninguna relación con las medusas griegas...

Un "monstruo" vegetal

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¿Qué es esto? A primera vista parece ser la representación de un ser de pesadilla. Pero eso es solo la apariencia. SI la observamos con atención podemos acercarnos un poco a su significado.



Prisioneros en el guano

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En frente de las costas de Chicama (La Libertad) hay dos pequeñas islas llamadas Macabí. No son un buen lugar para vivir porque, como ocurre con todas las islas del Pacífico peruano, no poseen fuentes de agua dulce. Pero Macabí tiene algo que atrajo desde siempre a las personas: Guano. Es decir, excrementos de aves marinas que se acumularon ahí durante milenios, formando montañas del mejor abono natural que se conoce.



Un espejo de 1000 años

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Aunque en el Antiguo Perú no se conocía el vidrio, se hacían espejos. ¿Con qué? Con rocas oscuras, como la antracita, que se pulían tan esmeradamente que se volvían reflectantes. Se han encontrado piezas de antracita en los túneles de Chavín de Huántar y se cree que servían para reflejar la luz de las antorchas o incluso para redirigir la luz del sol hacia las galerías de piedra.

Pero los espejos también se usaban en la vida cotidiana. Un recuadro de antracita se colocó en la cara opuesta de este armazón de madera. Si observas con atención notarás que hay una serie de pequeños puntos negros en diferentes lugares del recuadro. Son agujeros en donde se colocaron pequeños clavos metálicos ¿Para qué? Muy probablemente para fijar una lámina metálica (¿de oro? ¿de plata? ¿de cobre?) que recubría la pieza y le daba un brillante acabado, repitiendo sobre el metal los diseños tallados en la madera. Algunos de los clavos todavía están allí.

Este objeto, a pesar de estar incompl…

El beso del mono

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Si besas al mono, cantará.

Imagina por un momento que no es hoy si no un día del año 2600 antes de Cristo y te entregan uno de estos objetos. No sabes lo que es. Lo examinas. Al girarlo descubres que sus líneas incisas forman el dibujo de un monito que cuelga de su cola. Nunca has visto un mono, porque viven lejos, en la selva y tú estas en Caral, en el estrecho valle de Supe, en la costa peruana. Pero reconoces el dibujo porque, por razones misteriosas, es conocido en el arte de tu tierra. En lo que sería la boca del animal, hay un agujero. Pones tus labios sobre los del mono. Soplas. Y un sonido agudo, más de bestia que de humano, lo remece todo. Es así como descubres que tapando y destapando los dos extremos de ese tubo de hueso, puedes hacer música. Con hasta 8 notas diferentes



Antes de ser una flauta, esa pieza sostuvo el ala de un pelícano. Un artista de tu tierra recogió el cadáver del animal, buscó uno de sus huesos huecos, cortó la medida que necesitaba, horadó …